“Madre mía… no me había dado cuenta de lo cansada que estaba”.
Susett Naranjo Pou
Ser mujer se siente, se ama y se padece. Cada vez las exigencias sociales aumentan y, claro, como todo lo social es inyectado sin preguntar, esas exigencias se tornan personales. «Debería arreglarme más», «Debería ser mejor madre», «Debería ayudarlo aunque ya no dé más de mí», «Sacrificarme por el otro es amar», «Des-vivir por el otro es cuidar», «Decir lo que siento es…, no, quise decir callar. Siempre callar. Que igual no es tan importante».
Pero sí lo es. Siempre lo fue.
Hoy, uno de los grandes retos para la salud mental de las mujeres es comprender que no podemos cuidar a otros si antes no nos cuidamos. Sostener implica ser sostén, y un buen sostén no se construye sobre el agotamiento, la culpa o el silencio acumulado. Se construye sobre una misma.
No se trata de no dar. Se trata de hacerlo sin vaciarse.
La psicología lo confirma una y otra vez: las mujeres que aprenden a identificar sus propias necesidades, a ponerles nombre y a priorizarlas sin castigarse por ello, no se vuelven menos generosas; se vuelven más honestas, con los demás y, sobre todo, consigo mismas.
Y aunque aprender a cuidarse implica mirar hacia adentro, también ocurre hacia afuera: en la calidad de los vínculos que elegimos y cultivamos. Poner límites es necesario, sí; pero igual de necesario es construir relaciones donde una pueda bajar la guardia, pedir, recibir, ser respetada. Crear vínculos que no exijan estar siempre bien, ni siempre fuertes, porque permitirse ser sostenida no contradice el autocuidado; es, quizás, una de sus formas más valientes.
Ninguna fecha en el calendario lo hará por nosotras. Ese momento de pausa, de mirada aguda hacia adentro, solo puede ocurrir cuando una decide que también merece su propia atención. Quizás el acto más revolucionario no esté afuera, sino en ese momento quieto en el que una mujer se detiene, se mira, y se pregunta sin prisa: ¿yo cómo estoy?
Y se permite escuchar la respuesta..
“Madre mía… no me había dado cuenta de lo cansada que estaba”.
“Madre mía… no me había dado cuenta de lo cansada que estaba”.
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